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Dulzaineros y tamborileros en la Segovia de nuestros abuelos

Written on May 9, 2008 by Roberto Arribas in Highlights

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La historiadora Teresa Llorente ofreció ayer en el Aula Abierta de Folklore de IE Universidad* una conferencia titulada Dulzaineros y tamborileros entre 1880 y 1950, fruto de su investigación en diversos archivos municipales y de cofradías de la provincia de Segovia y de las conversaciones con informantes de diversos pueblos. Se buscaron también datos en actas de nacimiento y defunción.

 

La historiadora obtuvo una valiosa información de los libros de pago, en los que se reseñaban facturas de pago por “tamboril y gaita” a “ejecutantes”, “instrumenteros” y “redoblantes”, según el vocabulario de la época. Además del dinero que recibían por las actuaciones en fiestas populares, se les daba alojamiento y manutención. La investigación a veces se hizo en circunstancias nada agradables; muchos de los archivos municipales estaban muy descuidados; los documentos se guardaban en viejas buhardillas llenas de polvo, sin luz y a veces sin un lugar en qué sentarse.

La historiadora señaló que en casi todos los pueblos había un dulzainero y un tamborilero, pero que existían también músicos cuya fama trascendía las fronteras locales y cuyos servicios eran muy solicitados para las fiestas mayores, reservándose los músicos locales para las fiestas menores.

 

Según la interpretación de la profesora Llorente, las fiestas eran el tubo de escape de una sociedad rural segoviana maltratada por la constante penuria que hubo a finales del siglo XIX y durante la primera mitad de l XX. A diferencia de hoy, las fiestas se organizaban de acuerdo a las actividades agrícolas, para no entorpecer las labores. Entre las celebraciones se cuentan fiestas patronales, romerías, bodas y las fiestas profanas de carnavales y de quintos. También se celebraban bodas y bautizos reales, victorias militares y hazañas nacionales.

 

La inmensa mayoría de los músicos segovianos eran incapaces de leer una partitura y muchos de ellos eran analfabetos. La transmisión del saber se hacía o bien en familia o bien al modo tradicional heredado de la Edad Media, un aprendiz adquiría los conocimientos observando a su maestro, quien de vez en cuando le daba explicaciones. Los concursos de música folclórica que de vez en cuando se celebraban permitían a los músicos aprender de los demás.

 

Estos artesanos de la música de los campos segovianos solían tener oficios humildes pero que les permitían cierta autonomía: zapateros remendones, herreros, carteros o vendedores ambulantes. Solo unos pocos pudieron vivir de su arte. La historiadora señaló también la interesante relación que se producía entre dulzainero y redoblante (tamborilero), formaban parejas estables pero a veces se producían cambios, sobre todo con los buenos redoblantes, que eran muy solicitados. Una de las personalidades que brillan entre los numerosos nombres y apodos de dulzaineros es Paulino Gómez, Tocino, a quien la historiadora dedicó algunos interesantes párrafos biográficos que marcaron el final de su presentación.

 

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