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Artículo del Rector IE University en Expansión.com

Written on December 9, 2010 by Roberto Arribas in General, Highlights

El Rector de IE University, Juan Luis Martínez, ha publicado una columna de opinión sobre el modelo educativo español en el periódico Expansión. Leer artículo

 

Urge un cambio de modelo educativo

07.12.2010 Juan Luis Martinez

Para algunos, los resultados del informe PISA sobre España pueden ser desalentadores, aun más cuando se compara con otros elaborados por instituciones privadas españolas y si hacemos oídos a las críticas recientes de políticos y comentaristas especializados.

Estas se encaminan en algunos casos hacia cuestionamientos de su metodología –fácil refugio del que no está interesado en ver, solo en mirar– o se aprovecha como vía de acceso a insistir en el desgaste de un desacreditado gobierno que ya no sabe ni cómo ni por donde achicar agua de un barco que se le hunde inexorablemente.

Pero la verdad es que una lectura atenta del informe pone de manifiesto la falta de adecuación del sistema con las características que definen al alumno español actual. Se sigue pensando en que la formación narrativa, como la que recibimos los que ahora comandamos la nave de la educación, sigue siendo la forma válida para transmitir conocimientos y desarrollar capacidades.

Pero nuestros jóvenes son cada vez más visuales en su forma de aprender y de aprehender, el discurso que asume el tiempo biográfico e histórico como hilo argumental para proponer modelos, conceptos y teorías es superado por unas inteligencias acostumbradas a trabajar en red, saltando distancias geográficas, donde los datos no se compendian cronológica y físicamente, sino en función de su utilidad para encontrar puntos de encuentro, nexos en los que surge un nuevo acontecimiento que ahora tiene dimensiones de aprendizaje verdadero.

Estamos inversos en tiempos de cambio; se acrisola una nueva forma de entender la formación que más que temporal es síncrona, que más que obtener su relevancia y legitimidad de la proximidad cultural, la tiene por su rol como agente de socialización de realidades físicamente distantes pero virtualmente conectadas. O se produce una evolución en nuestro sistema de abordar la formación, que se plantee desde dentro cómo hacerse vigente para formar una cabeza diversa a la que hasta ahora ha tenido como objeto, o siempre tendrá una evaluación negativa, que por cierto, afecta a todos los países occidentales y no sólo a España.

Si ponemos en relación las formas de pasar el tiempo de nuestros jóvenes y adolescentes, cómo interactúan entre ellos, como satisfacen sus necesidades de entretenimiento y de búsqueda de información, cómo se socializan, y lo comparamos con lo que se hace en el aula, con los libros de texto, con las metodologías que utiliza el profesor en clase, notaremos un distanciamiento que puede estar en la raíz del problema.

Los métodos pedagógicos tradicionales eran acordes con una forma de relacionarse y formarse: la lectura, los juegos con compañeros del mismo entorno, la búsqueda de información utilizando fuentes siempre próximas, el manejo y la percepción del tiempo, por ejemplo, eran coherentes entre sí, no había fractura entre una y otra realidad. El aula era prolongación de la propia vida, ambas eran realidades reconocibles entre sí.

Ahora en cambio, las plataformas virtuales sustituyen al barrio como lugar de socialización, los mensajes están tasados, acotados, hay un espacio limitado para recibir y transmitir información. Esto nos obliga a reformular nuestros métodos de enseñanza, a cincelar los conocimientos para quedarnos con lo verdaderamente fundamental.

La limitación de las distintas plataformas en el número de caracteres disponibles por mensaje obliga a la destilación y concreción en las ideas a transmitir. Rapidez, inmediatez, lo instantáneo como forma de superación de categorías temporales. La información destilada después de haber pasado por el filtro, el tamiz y el embudo de lo que verdaderamente une, que quizás sea menos de lo que pensamos, pero más sustantivo.

El riesgo que tiene este ejercicio de superación de la fractura entre medios y fines es que los conocimientos queden aguados, que por sintetizar tanto, nos quedemos sin lo importante. Mucha información no es sinónimo de información de calidad. En un mundo en el que la inflación de datos ha generado un muro opaco con el que es difícil relacionarse y saber qué hacer con ellos, hay que replantearse en qué consiste la verdadera formación.

Cuando lo que sabíamos de determinadas realidades cabía en un libro –por muy extenso que este fuera, siempre tenía un tamaño acotado– la exigencia en el colegio debía estar enfocada a su conocimiento, manejo y dominio. Cuando las fuentes de este conocimiento estaban concentradas, hacerlas accesibles era el reto del maestro.

Hoy, en cambio, la información es casi inabarcable y además está dispersa. Las habilidades que se le exigen a los profesores son esencialmente distintas a las de antes. Tienen que enseñar a pensar, tienen que enseñar a investigar, tienen que facilitar el rigor intelectual para que el alumno asuma el protagonismo de su propio desarrollo.

La generosidad, la humildad, el tesón, aparecen en nuestro imaginario como elementos indispensables de la preparación de nuestros docentes. Si nos ocupamos seriamente de la formación de los que tienen en sus manos la tarea de educar a nuestros jóvenes, exigiéndoles un nivel muy alto de competencia para transmitir saberes acordes a la nueva situación, estaremos empezando a solucionar el problema. El informe PISA debería empezar por evaluar los grados de magisterio que habilitan profesionalmente a nuestros profesores.

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