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De miembros, miembras y membrillos

Written on June 16, 2008 by Roberto Arribas in Highlights

 

 

El profesor y Director de Extensión Universitaria y Alumnos de IE Universidad*, Santiago López Navia, publicó ayer domingo 15 de junio en el 2008 el artículo titulado “De miembros, miembras y membrillos”, que reproducimos a continuación:  

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TRIBUNA/ SANTIAGO LÓPEZ NAVIA

De miembros, miembras y membrillos

 

Quisiera pensar, buscando siempre el lado amable del caso, que la ministra Bibiana Aído ha querido gastar una pequeña broma forzando como ha forzado el morfema de género al referirse a “miembros y miembras” en una reciente comparecencia pública en el Congreso de los Diputados, sin que eso implique que no haya y haya habido una actitud machista imperdonable reflejada en un uso sexista del idioma, y que no haya que luchar contra ese uso sin descanso educando a nuestros hijos y a la sociedad entera en un respeto incondicional a la igualdad. Otra cosa muy distinta, sin embargo, es complicar sin necesidad los mecanismos expresivos de la lengua, que se rige precisamente por el impulso contrario, es decir, el principio de economía lingüística, o más sencillamente, la ley del mínimo esfuerzo.

El hecho de que un sustantivo que en singular tiene una forma para cada género se enuncie en masculino cuando se emplea en plural nada tiene que ver con el sexismo, sino con los principios estrictamente gramaticales que rigen nuestro idioma; no es otro el caso de las circunstancias propias de la evolución del latín al castellano, en el que las terminaciones del masculino y el neutro de los adjetivos de tres terminaciones (bonus, bona, bonum) se funden en la que finalmente identificamos con la masculina (“bueno”). Por otra parte, el género de los sustantivos no indica siempre su sexo: una mesa, una ventana y una cartera, por una parte, y un asiento, un grifo y un bolígrafo, por otro, son, respectivamente, femeninos y masculinos desde el punto de vista gramatical, pero no, como es obvio, desde el punto de vista sexual. Una cosa es el sexo, y otra el género.

 

Añádase a ello que la terminación en -o o en -a no siempre es indicativa de un morfema de género por oposición a su contrario (como sucede en “gato” frente a “gata”), bien porque forma parte del lexema, como en la femenina “radio”, bien porque forma parte de otro tipo de morfemas, como ocurre con el sufijo derivativo “-ista” en la palabra “anestesista”, por ejemplo, cuyo plural, “anestesistas”, agrupa igualmente a los médicos de esa especialidad de ambos sexos, recayendo la diferencia sobre el determinante (“los/las anestesistas”), y a nadie se le ocurriría, más allá de la broma o del dislate, reconocer la excelente profesionalidad de “anestesistas” y “anestesistos”. Y todo ello sin olvidar que la oposición -a/-o no siempre marca diferencias de naturaleza morfemática, sino léxica, toda vez que sustantivos como “copa”/”copo”, “rata”/”rato” y “cerca”/”cerco” son palabra distintas y no variaciones flexivas de una misma palabra. Por si todo lo dicho fuera poco, hay sustantivos como “ardilla”, “mofeta”, “águila” o “marmota” que nombran por igual a los amables animalitos de ambos sexos de la especie, de modo que en singular hay que precisar “ardilla macho” frente a “ardilla hembra”, y en plural se entiende que nos referimos a todos los machos y hembras de la misma especie.

 

El problema se manifiesta a veces, paradójicamente, cuando nos empeñamos en incrementar de forma redundante y nada económica el uso de sustantivos y adjetivos sometidos a sus variaciones flexivas. Imaginemos algunas posibles consecuencias de esta desviación en el ejercicio de las armas, partiendo de la premisa de que, en buena hora y cada vez más, nuestras Fuerzas Armadas están integradas por hombres y mujeres. ¿Necesitaría el mando de la Academia de Artillería de Segovia -institución muy querida y que conozco muy bien por las excelentes relaciones institucionales que la unen a mi universidad- emplear los dos géneros en el vocativo que precede a los vivas a España y el Rey exclamando “artilleros y artilleras” cuando previene a cuantos están en formación en lugar del universal “artilleros” que engloba a todos? ¿Responden “¡viva!” solo los varones cuando el mando grita “artilleros”? ¿Sería necesario incrementar ridículamente la letra del himno del Arma de Artillería cantando “Artilleros/as, marchemos siempre unidos/as, siempre unidos/as?” para que hombres y mujeres se sintieran representados?

 

Pensemos por un momento en otros idiomas. ¿Necesita quien la escucha o peor aún quien la canta incrementar la letra de la ya clásica canción “Blowin’ in the wind”, de Bob Dylan, con el añadido “men as well as women” para sentirse aludido en la palabra “friend” cuando el cantautor dice “The answer, muy friend, is blowing in the wind”? ¿Necesitan los franceses emplear el femenino “citoyenne” para sentirse implicados en la “Déclaration des droits de l’Homme et du citoyen”, más aún considerando que es una mujer, Marianne, la quintaesencia de su ciudadanía? Al igual que “friend” no expresa diferencia de género ni de sexo, cuando yo me dirijo a mis alumnos, en plural y en masculino, estoy englobando a hombres y mujeres sin tener que ir de la mano del morfema de género para que esta diferencia sea sexualmente evidente por su propio peso. No me considero, ni admitiría ser considerado, sexista por actuar así, ni creo que quien haga lo contrario pueda presumir de no sexista por esta razón.

 

No nos compliquemos innecesariamente la vida buscando tres pies al gato (y a la gata) intentando establecer diferencias presuntamente basadas en posturas ideológicas, porque el uso pertinente y correcto del español debe ser común a todas las tendencias políticas. Preocupémonos más bien de salir cuanto antes al paso de la pobreza expresiva de nuestros educandos enseñándoles cómo se habla y se escribe correctamente en nuestra lengua. Unamos nuestros esfuerzos, especialmente los profesores, al margen de nuestra disciplina, rompiendo la insostenible dicotomía entre Ciencias y Letras a la hora de asumir nuestra responsabilidad ante el uso correcto de nuestro idioma, y no sigamos haciendo como aquel compañero de claustro de mis años de Enseñanza Media, tan buen profesor de Matemáticas como acabado ejemplo de membrillos, que decía públicamente que no le importaba que sus alumnos escribieran “derivada” con “b” o con “v” siempre que supieran derivar. Así nos luce el pelo. Y la pela.

 

Descargar: El Adelantado. Artículo S. López Navia. De miembros, miembras y membrillos.pdf

Descargar: ABC CYL Educación Nº 60. Artículo Dr. Santiago López Navia. Miércoles 18 de junio de 2008.pdf

Descargar: Norte de Castilla. De miembros, miembras y membrillos. Lunes 23 de junio de 2008.pdf

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